
La rotura del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) en Esmeraldas ha causado una grave crisis en la producción petrolera de Ecuador, reduciendo la extracción de crudo en más de 63,000 barriles diarios. Este incidente, originado por deslizamientos de tierra, ha obligado al cierre de más de 300 pozos petroleros en el país. La caída en la producción afecta directamente las finanzas de Petroecuador y podría tener consecuencias económicas a largo plazo.
La interrupción de la actividad petrolera está vinculada a la vulnerabilidad de la infraestructura del país ante fenómenos naturales como los deslizamientos, que afectan tanto a la producción como al transporte de crudo. Con el cierre de pozos en áreas clave, se complica la reactivación de la producción a corto plazo.
El impacto de este suceso resalta la necesidad de invertir en medidas de seguridad y modernización de la infraestructura energética ecuatoriana. La crisis también pone en evidencia la dependencia de Ecuador en su sector petrolero y la necesidad de diversificar sus fuentes de ingresos.