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La detención del niño ecuatoriano Liam Conejo Ramos, de apenas cinco años, junto a su padre por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Columbia Heights, un suburbio de Mineápolis, ha generado una fuerte reacción pública y política tanto en Estados Unidos como internacionalmente. Las imágenes del menor con una mochila y gorro, escoltado por un agente tras ser interceptados al llegar a su casa después del preescolar, se viralizaron rápidamente y encendieron protestas contra las redadas migratorias federales.

Autoridades escolares y activistas aseguran que agentes federales habrían usado al niño incluso para tocar la puerta de la casa, con el supuesto fin de verificar si había más personas dentro, una acción que muchos calificaron como el uso de un menor como “carnada” en la operación —una versión fuertemente criticada por la comunidad y rechazada por funcionarios educativos. La familia, con un proceso de asilo activo y sin orden de deportación, fue trasladada junto al menor a un centro de detención en Texas, lo que ha despertado temor y protestas entre familias inmigrantes y defensores de derechos humanos.

El caso ha cruzado fronteras: la Cancillería de Ecuador solicitó información oficial sobre la situación y paradero de Liam, mientras figuras políticas estadounidenses, como la expresidenta Kamala Harris y líderes locales de Mineápolis, criticaron la actuación de ICE y reclamaron respeto por los derechos de los menores. Por su parte, autoridades federales defendieron la intervención argumentando que el objetivo era el padre y que el menor fue custodiado por seguridad, generando un debate nacional sobre las políticas migratorias y el trato a las familias en los operativos del ICE.

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